
En Cangas de Onís no existe para la mayoría de los vecinos el descanso dominical. De hecho es, quizá, el día de más trajín comercial y humano, sobre todo durante los puentes festivos. Gran parte de la culpa de esta actividad dominical es debida al mercado semanal, que llena la ciudad de olores y sabores tradicionales. Los quesos y embutidos artesanos, el pan de pueblo, la miel casera y las legumbres y hortalizas del «güertu» de casa se dan cita cada domingo en los soportales del Palaciu Pintu. Al lado, en la calle Mercado, se sitúan el resto de los puestos de venta, principalmente de ropa y complementos.
Forasteros y lugareños se acercan a los bajos del Palaciu Pintu y sus alrededores, donde encuentran una gran variedad de productos irresistibles al gusto, al olfato y a la vista. Como suele ser habitual, la zona de los quesos es de las más solicitadas. Muchos caen en la tentación de probar un buen trozo de Cabrales o Gamonéu del puerto, que se elabora en los altos Picos de Europa a manos de los pastores de la zona. «Delicioso», aseguran casi todos los que los catan.
Lo más vendido son los productos caseros, como la miel, las verduras de la huerta o las fabes de granja. Josefina Soto lleva colocando su puesto cada domingo en Cangas desde hace más de treinta años. Asegura que el mejor día del año suele ser el Domingo de Pascua. Junto a ella trabaja su hijo Luis Enrique, que recuerda cómo era el «mercáu» cuando el sólo era un «guaje». «No había mesas, estaba todo en el suelo», rememora. María Eugenia de Pedro vivía hace unos días un domingo «loco». En su puesto sólo vende queso de Cabrales, y a la hora de recoger poco quedaba por guardar. «Hoy me han vaciado la mesa», añade.
Aunque hay bullicio y muchas ganas de comprar, la situación mala económica no se olvida. «Si que se nota, la cosa está fastidiada», afirma América Cardín, que regenta un puesto de productos de la huerta. Y es que con el paso de los años los mercados han ido perdiendo la importancia que tenían antiguamente. «Antes no había supermercados y todo lo que se necesitaba se compraba aquí», añade.
El mercáu de Cangas (Cangues para los lugareños) también ofrece productos textiles, de decoración, artículos de cuero, y con el tiempo va extendiéndose cada vez más. De hecho ya es uno de los mercados más completos de la zona. Influye que la vecina Arriondas no tenga mercado y la ciudad canguesa tenga que llenar ese hueco.
Severina de Dios Roseta, vecina de Cangues d'Arriba afirma que ahora todo es «muy distinto». Los mercados de hace años no eran ni la cuarta parte de lo que existe ahora, todo era mucho más tradicional. Estaba situado en la misma zona pero sólo había «cuatro paisaninas vendiendo», que bajaban a Cangas con cestas repletas de alimentos, «todo casero», asegura.
Para muchos, los mercados semanales ya no son el lugar al que acudir todas las semanas en busca de viandas. Ahora sólo se compra «aquello que se necesita específicamente», afirma Severina. Pero pocos se resisten a pasar por allí sin dejarse convencer, sobre todo los turistas. «Ya que estamos aquí y todo tiene tan buena pinta, no podemos irnos sin nada», afirma Pedro Castillo, procedente de Ávila. Y es que los mercados han cambiado mucho, pero al menos el de Cangas sigue estando en plena forma.
